Por Alejandro Martínez Castañeda

 

En México, la soberanía nacional no se ejerce únicamente desde el poder federal. Se construye cotidianamente en los municipios, el nivel de gobierno más cercano a la ciudadanía y el primero en responder a las necesidades básicas de la población. Así lo establece el principio constitucional de que la soberanía reside en el pueblo, y así lo demuestra el papel estratégico que desempeñan los gobiernos municipales en el desarrollo económico, social, ambiental y cultural del país.

Aunque la soberanía suele asociarse a decisiones macroeconómicas o geopolíticas, diversos análisis contemporáneos coinciden en que su fortaleza depende, en gran medida, de la capacidad interna del Estado para garantizar bienestar, justicia y cohesión social. En este marco, los municipios aparecen como actores clave. Desde la gestión del agua y los recursos naturales hasta la promoción de economías locales, los gobiernos municipales son la primera línea donde la soberanía se ejerce de manera concreta.

El municipio libre, consagrado en el artículo 115 constitucional, es la célula básica del federalismo mexicano. Cuenta con autoridades electas democráticamente, administra su hacienda y presta servicios públicos esenciales como agua potable, seguridad, recolección de residuos y alumbrado. Esta cercanía con la población convierte al municipio en el espacio donde la soberanía deja de ser un principio abstracto y se traduce en gobierno efectivo y participación ciudadana.

Los municipios también desempeñan un papel central en la soberanía económica. Al fomentar la agricultura sustentable, el rescate de semillas nativas, los mercados comunitarios y las cooperativas, fortalecen el mercado interno y reducen la dependencia de importaciones y corporaciones trasnacionales. Estas economías locales no solo generan empleo, sino que permiten que la riqueza circule dentro de las comunidades, reforzando el tejido social y la resiliencia frente a crisis externas.

En materia ambiental, la soberanía se expresa en la gestión responsable del territorio. Municipios que reforestan, cuidan sus cuencas, regulan el uso del agua y promueven la economía circular contribuyen directamente a la soberanía hídrica y ambiental del país. Asimismo, pueden convertirse en espacios de innovación para la transición energética mediante proyectos comunitarios de energías limpias y eficiencia energética.

La soberanía también es cultural. En los municipios se preservan lenguas indígenas, tradiciones, fiestas populares y formas comunitarias de organización. Esta identidad local fortalece el sentido de pertenencia y reduce la vulnerabilidad frente a la imposición cultural o política externa, especialmente en regiones con fuerte presencia de pueblos originarios.

Sin embargo, el fortalecimiento de la soberanía municipal enfrenta serias limitaciones. La principal es la dependencia financiera: la mayoría de los municipios carecen de ingresos propios suficientes y dependen de transferencias federales y estatales. A ello se suman la falta de capacidades técnicas, la inseguridad, el clientelismo político, la desigualdad territorial y los efectos del cambio climático.

El proyecto de la Cuarta Transformación ha reconocido varios de estos desafíos y ha impulsado programas sociales, ambientales y de desarrollo regional. No obstante, persisten pendientes estructurales, como una reforma profunda al federalismo fiscal, la profesionalización del servicio público municipal y el fortalecimiento de las policías locales. Además, el énfasis en grandes proyectos estratégicos ha dejado en segundo plano el impulso directo a economías comunitarias urbanas y rurales.

El consenso es claro: un México soberano no se construye solo desde el centro del poder. Se edifica desde abajo, en cada municipio capaz de gobernar con autonomía, participación ciudadana y visión de largo plazo. Fortalecer a los gobiernos locales no es un asunto administrativo, sino una condición indispensable para consolidar la soberanía nacional y garantizar un desarrollo justo, equilibrado y sostenible.