Por Myriam Martínez

 

En momentos de grandes desafíos para nuestro país, la historia nos llama a cerrar filas, a unirnos como sociedad y a respaldar el liderazgo que nos representa. Hoy, como mexicana comprometida con la transformación de México, quiero expresar mi apoyo y solidaridad con Claudia Sheinbaum, nuestra presidenta, quien asume esta gran responsabilidad en un contexto complejo tanto a nivel nacional como internacional.

El panorama global nos exige fortaleza y cohesión interna. Mientras que en Estados Unidos observamos decisiones polarizantes y cambios que podrían afectar nuestra relación bilateral, en México enfrentamos nuestras propias batallas: consolidar la justicia social, proteger nuestra soberanía, garantizar el acceso a la educación y la salud, y promover la paz en nuestras comunidades. Para superar estos retos, no hay otro camino que el de la reconciliación y el trabajo conjunto.

Claudia Sheinbaum ha demostrado ser una mujer de principios, comprometida con los valores que compartimos millones de mexicanas y mexicanos: la igualdad, el respeto, la justicia y la transparencia. Su liderazgo, enmarcado en los ideales de la Cuarta Transformación, es un faro de esperanza para quienes creemos en un México incluyente y próspero.

Es momento de dejar atrás las divisiones que nos debilitan y concentrarnos en lo que nos une: el amor por nuestra tierra, el anhelo de un futuro mejor y el compromiso con las generaciones que vienen. No se trata de un respaldo ciego, sino de un llamado consciente a construir juntos, a sumar esfuerzos y a no permitir que las diferencias ideológicas nos frenen en el camino hacia un México más justo.

Hago un llamado a todas y todos, sin distinción de colores o ideologías, a reflexionar sobre lo que realmente necesita nuestra nación. Desde nuestras comunidades, empresas, instituciones y hogares, cada acción cuenta. Hoy más que nunca, México requiere de ciudadanos comprometidos, que pongan por encima de todo el bien común.

Respaldar a nuestra presidenta no es solo un acto de apoyo político, sino un compromiso con el proyecto de país que queremos construir. Que nuestras diferencias sean el motor de la creatividad y no el pretexto para la división. Solo unidos podremos enfrentar los desafíos que nos depara este nuevo capítulo en nuestra historia.

Por México, con unidad y determinación.