Cabeza fría para defender la soberanía: Myriam Martínez
Vivimos tiempos en los que las redes sociales y la velocidad de la información parecen exigir respuestas inmediatas para todo. Un video de unos cuantos segundos, una declaración sacada de contexto o un encabezado llamativo bastan para generar indignación.
Pero los asuntos de Estado no pueden resolverse con prisas ni con estridencias.
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Por eso, cuando la relación entre México y Estados Unidos atraviesa momentos de tensión, vale la pena hacer una pausa. Menos ruido, más claridad. Porque solo entendiendo el contexto podemos formarnos una opinión responsable.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha resumido su postura en una frase que me parece acertada: cabeza fría.
No es una consigna política; es una forma de ejercer el liderazgo. Tener cabeza fría significa actuar con serenidad cuando otros apuestan por la confrontación. Significa defender los intereses de México sin perder de vista que compartimos con Estados Unidos una relación económica, social y humana que obliga al diálogo permanente.
En estos días se ha hablado mucho sobre seguridad, cooperación y soberanía. Son conceptos que suelen mezclarse, pero no significan lo mismo.
Cooperar es trabajar juntos para enfrentar problemas comunes, como el tráfico de drogas, de armas o la delincuencia organizada. Subordinarse, en cambio, sería permitir que otro país decida por nosotros. Y esa nunca puede ser la ruta de una nación libre.
Defender la soberanía tampoco significa justificar a quienes cometen delitos. Quien viola la ley debe responder ante la justicia, con apego al debido proceso y al Estado de derecho. Combatir al crimen y defender la soberanía no son objetivos opuestos; son responsabilidades que deben caminar juntas.
Nuestra Constitución establece principios muy claros para la política exterior: la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de las controversias y la cooperación para el desarrollo. No son palabras vacías. Son el resultado de una historia que nos enseñó el valor de decidir nuestro propio destino.
Como educadora, estoy convencida de que el mayor desafío no es solo informar, sino ayudar a comprender. Cuando entendemos la diferencia entre cooperación e injerencia, entre firmeza y confrontación, entre prudencia y debilidad, dejamos de reaccionar desde la emoción y comenzamos a participar como ciudadanos conscientes.
Ese es también el propósito de Política sin Rollos, un espacio que creé para explicar, con un lenguaje sencillo, los temas públicos que impactan nuestra vida cotidiana. Porque la democracia necesita ciudadanos informados, no audiencias confundidas.
Las y los jóvenes, especialmente, merecen una conversación pública que no los excluya con tecnicismos ni los manipule con consignas. Merecen claridad para formar sus propios criterios y participar activamente en la construcción del país que quieren.
Hoy México necesita instituciones fuertes, diálogo con el mundo y confianza en su capacidad para resolver sus propios desafíos. Necesita cooperación, sí, pero siempre desde el respeto mutuo.
En tiempos de polarización, la serenidad también es una forma de valentía.
Y quizá esa sea la lección más importante de este momento: menos ruido, más claridad; cabeza fría para defender a México.
Myriam Martínez Ramírez
Creadora y fundadora de Política sin Rollos.






