Doce años de Morena: la fuerza de un movimiento que nació del pueblo

El 9 de julio no es una fecha cualquiera para quienes hemos sido parte de la construcción de Morena desde sus orígenes. Hace doce años, el Instituto Nacional Electoral otorgó el registro como partido político nacional a un movimiento que ya había nacido mucho antes en las plazas públicas, en las comunidades, en las asambleas y en la conciencia de millones de mexicanas y mexicanos.

Morena no surgió como una estructura electoral; nació como una respuesta ética frente al desencanto de un pueblo que durante décadas padeció desigualdad, corrupción y gobiernos alejados de la gente. Su mayor fortaleza nunca ha sido una sigla ni un cargo público. Su fuerza ha estado, y debe seguir estando, en la organización popular.

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Quienes tuvimos el privilegio y la responsabilidad de participar desde los primeros años sabemos que no fueron tiempos sencillos. Había más convicción que recursos, más esperanza que certezas y más voluntad de transformar que expectativas personales. Se caminó casa por casa, se dialogó en las plazas, se defendieron principios cuando hacerlo implicaba remar contra la corriente.

Por eso, estos doce años representan mucho más que un aniversario institucional. Representan la consolidación de una revolución pacífica de las conciencias que permitió colocar en el centro de la vida pública un principio profundamente humanista: por el bien de todas y todos, primero los pobres.

Bajo el liderazgo del presidente Andrés Manuel López Obrador y, hoy, con la conducción de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, México ha vivido una etapa de profundas transformaciones que han demostrado que otra forma de gobernar es posible: una política que entiende que el poder solo tiene sentido cuando se pone al servicio del pueblo.

Pero toda transformación verdadera enfrenta un desafío permanente: no olvidar nunca el origen.

Los partidos pueden crecer; los gobiernos pueden cambiar; las circunstancias políticas evolucionan. Sin embargo, los principios que dieron vida a Morena deben permanecer como nuestra brújula ética: la honestidad, la justicia social, la democracia participativa, la austeridad republicana y la cercanía con la ciudadanía.

Celebrar estos doce años no significa conformarnos con lo alcanzado. Significa asumir una responsabilidad mayor. Morena debe seguir siendo un movimiento abierto, plural y profundamente democrático, donde el diálogo fortalezca la unidad y donde las diferencias encuentren siempre como punto de encuentro el bienestar del pueblo de México.

Como fundadora de Morena en Michoacán, este aniversario también me invita a la gratitud. Gratitud hacia miles de mujeres y hombres que creyeron cuando parecía imposible transformar al país; hacia quienes hicieron de la organización territorial una escuela de ciudadanía; hacia quienes entendieron que la política puede ejercerse con principios y autoridad moral.

La historia de Morena aún se sigue escribiendo. Cada generación tendrá la responsabilidad de cuidar este legado para que nunca se convierta en un fin en sí mismo, sino que continúe siendo una herramienta al servicio del pueblo.

Porque los movimientos verdaderamente transformadores no se sostienen únicamente por sus victorias electorales. Se sostienen por la confianza de la gente, por la congruencia de quienes los integran y por la capacidad de mantener vivos los ideales que les dieron origen.

A doce años de su registro nacional, Morena nos recuerda que la transformación comienza cuando una sociedad decide organizarse para cambiar su destino.

Ese sigue siendo nuestro mayor compromiso.