Cuando la ausencia de paz deja un vacío

Hay ausencias que nunca terminan de llenarse.

La muerte de cinco elementos de la Guardia Civil en cumplimiento de su deber, en emboscada ocurrida en Nahuatzen, deja una herida profunda en sus familias y una reflexión obligada para todos.

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Porque detrás de cada uniforme había una vida, una historia y personas que esperaban su regreso.

En el homenaje póstumo había padres que hoy lloran a un hijo, esposas que enfrentan una pérdida irreparable, hermanos que despiden a un compañero de vida e hijos que tendrán que aprender a crecer con el recuerdo de quien ya no volverá.

La violencia suele medirse en estadísticas, pero sus consecuencias más dolorosas se viven en silencio, dentro de los hogares. Allí donde una silla queda vacía, donde una llamada ya no llegará y donde los abrazos se transforman en recuerdos.

Ninguna familia debería despedir a un ser querido de esta manera. Y quienes tienen la responsabilidad de proteger a la sociedad merecen hacerlo con dignidad, con respaldo y con las condiciones necesarias para regresar con vida a casa.

Porque la ausencia de paz no solo deja cifras. Deja vacíos imposibles de reemplazar.

Y esos vacíos tienen nombre, tienen rostro y tienen familia.

La paz no es una consigna; es una necesidad humana. Y construirla es una responsabilidad que nos involucra a todos.

 

Dra. Myriam Martínez Ramírez