Con Claudia, es tiempo de mujeres y también de resultados

No escribo estas líneas desde la distancia.

Soy mujer, soy morenista y soy fundadora de Morena en Michoacán. He acompañado este movimiento desde cuando construirlo significaba caminar, organizar, convencer y sostener una esperanza que para muchos parecía imposible.

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Por eso ver hoy a Claudia Sheinbaum rendir su Segundo Informe como Presidenta de México tiene para mí un significado que va mucho más allá de una ceremonia institucional.

Es también una imagen de lo que hemos construido durante años.

Por primera vez una mujer conduce los destinos de México. Y no llegó sola: detrás de ella hay generaciones de mujeres que lucharon por participar, por ser escuchadas y por demostrar que nuestro lugar no estaba solamente acompañando las decisiones, sino también tomándolas.

Pero precisamente porque comparto este proyecto, creo que nuestra responsabilidad no es únicamente celebrarlo.

Es cuidarlo.

La transformación tiene que sentirse

El pasado 25 de septiembre, Claudia Sheinbaum estuvo nuevamente en Morelia para rendir cuentas directamente a las y los michoacanos.

El Gobierno de México informó una inversión superior a 50 mil millones de pesos en nuestra entidad, considerando los Programas para el Bienestar y las acciones del Plan Michoacán por la Paz y la Justicia. De acuerdo con las cifras oficiales, un millón 682 mil 500 michoacanas y michoacanos reciben alguno de los programas sociales federales.

Eso importa.

Porque durante demasiado tiempo se nos quiso convencer de que gobernar consistía en administrar cifras desde un escritorio.

La Cuarta Transformación nació de otra idea: por el bien de todos, primero los pobres.

Y ése sigue siendo uno de nuestros compromisos fundamentales.

Pero desde Michoacán también sabemos que falta mucho por hacer.

Necesitamos seguir trabajando por la seguridad y la justicia. Por nuestros jóvenes. Por las mujeres. Por el campo. Por nuestros pueblos originarios. Por mejores servicios de salud y por una educación que verdaderamente abra oportunidades.

Reconocer lo alcanzado y señalar lo que todavía falta no son posiciones contradictorias.

Al contrario.

Quienes creemos en la transformación tenemos una responsabilidad especial para conseguir que funcione.

Como educadora, hay algo que celebro especialmente

Durante su mensaje en Morelia, la Presidenta destacó la cobertura de becas educativas en el estado, desde primaria hasta universidad.

Para mí esto tiene un significado particular.

He dedicado buena parte de mi vida a la educación y sé que detrás de una beca no existe solamente una transferencia económica.

Puede existir una niña que permanece en la escuela.

Un joven que no abandona sus estudios.

Una familia que encuentra un pequeño respiro.

Una posibilidad distinta de futuro.

Por eso he sostenido durante años que la transformación también pasa por las aulas.

La paz que Michoacán necesita no se construirá solamente con policías, fiscalías o tribunales.

También se construye con educación, cultura, deporte, oportunidades y comunidad.

Llegamos todas, pero todavía faltan muchas

Hay otra dimensión del gobierno de Claudia Sheinbaum que me interpela profundamente.

Soy una mujer que ha participado en política.

He levantado la mano.

He competido.

He caminado territorio.

Y sé que para una mujer participar todavía implica enfrentar obstáculos que muchas veces ni siquiera están escritos.

Por eso la llegada de una mujer a la Presidencia importa.

Pero el verdadero significado de este momento histórico no será únicamente que Claudia haya sido la primera.

Será que no sea la última y que tampoco sea una excepción.

Que después de ella existan miles de presidentas municipales, legisladoras, gobernadoras, dirigentes, científicas, maestras, empresarias, periodistas y mujeres tomando decisiones en cada comunidad del país.

No queremos espacios por concesión.

Queremos que nuestra capacidad, nuestro trabajo y nuestra participación sean reconocidos en condiciones de igualdad.

Soy parte de este proyecto y por eso quiero que le vaya bien

No tengo necesidad de esconder mi posición.

Creo en los principios que dieron origen a Morena.

Creo que México necesitaba recuperar la política social como una responsabilidad del Estado.

Creo en la austeridad, en la separación del poder político respecto del poder económico y en un gobierno que coloque a quienes menos tienen en el centro de sus decisiones. Esos fueron también ejes reivindicados por Sheinbaum en su Segundo Informe.

Y precisamente porque creo en este proyecto, también creo que debemos defender algo fundamental:

la autoridad moral se construye todos los días.

La propia Presidenta colocó la honestidad y el servicio al pueblo entre los principios centrales de su informe.

No podemos pedir confianza sin rendir cuentas.

No podemos hablar de territorio sin escuchar a quienes viven en él.

No podemos hablar de mujeres y cerrarles las puertas.

No podemos hablar de transformación si alguna vez olvidamos las causas que nos trajeron hasta aquí.

Que nunca se nos olvide de dónde venimos

Quienes estuvimos en Morena desde sus primeros años recordamos cuando no había cargos que repartir.

Había causas.

Había reuniones pequeñas.

Había organización.

Había compañeras y compañeros recorriendo comunidades con más convicción que recursos.

Hoy gobernamos México.

Eso representa una enorme conquista política, pero también una responsabilidad todavía mayor.

Porque los gobiernos pasan.

Los cargos pasan.

Los nombres pasan.

Las causas permanecen.

El Segundo Informe de Claudia Sheinbaum presenta resultados que deben ser conocidos y también evaluados. El Congreso recibió formalmente el documento el 1 de septiembre y estableció su proceso de análisis.

Pero para quienes somos parte de este movimiento existe otra evaluación, quizá todavía más importante.

La que ocurre todos los días en las calles.

La que hace una madre cuando lleva a sus hijos a la escuela.

La que hace un campesino cuando trabaja su tierra.

La que hace una joven cuando decide si puede construir su futuro aquí.

La que hace cada familia cuando pregunta si vive mejor.

Ahí se juega verdaderamente la transformación.

Yo quiero que a nuestra Presidenta le vaya bien.

Quiero que a este proyecto le vaya bien.

Pero, sobre todo, quiero que a México y a Michoacán les vaya bien.

Porque para quienes comenzamos esta historia mucho antes de que Morena llegara al gobierno, la transformación nunca fue solamente conquistar el poder.

Fue —y debe seguir siendo— utilizar el poder para transformar la vida de la gente.

 

Myriam Martínez Ramírez
Fundadora de Morena en Michoacán · Educadora · Comunicadora · Activista social