Por qué sí Torres Piña
Hay momentos en política en los que resulta más fácil hablar desde la inconformidad que desde la responsabilidad. Y hay otros en los que toca demostrar de qué estamos hechos quienes hemos participado durante años en la construcción de un movimiento.
Este es uno de esos momentos.
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Soy fundadora de Morena en Michoacán. Lo digo no como un título ni como un privilegio, sino como una responsabilidad y un ejercicio de memoria.
Recuerdo cuando Morena todavía no era gobierno. Cuando participar significaba organizar, convencer, resistir y caminar; cuando había más convicción que cargos, más territorio que oficinas y ninguna certeza de recompensa política.
Muchos estuvimos ahí.
Yo también he participado como candidata en dos ocasiones. He caminado territorio, tocado puertas, escuchado a la gente y conocido las satisfacciones, pero también las dificultades, de poner el nombre y la historia propios a consideración de los demás.
Y recientemente volví a hacerlo.
Participé en el proceso interno de Morena para la Coordinación de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Michoacán. Levanté la mano, presenté mi registro y puse a consideración del movimiento mi trayectoria, mi trabajo y mis convicciones.
Por eso puedo hablar de este proceso desde un lugar muy concreto: yo también estuve ahí.
Y desde esa historia quiero responder una pregunta:
¿Por qué sí Carlos Torres Piña?

Myriam Martínez Ramírez y Carlos Torres Piña al finalizar el Segundo Informe de Claudia Sheinbaum en Morelia, Michoacán.
No porque en Morena deba existir pensamiento único. Tampoco porque quienes participamos tengamos que renunciar a nuestras aspiraciones, diferencias o historia.
La razón es otra.
Cuando decidimos participar en un proceso también asumimos una responsabilidad frente a lo que viene después.
Y esa etapa ya comenzó.
Carlos Torres Piña tiene una trayectoria política que debe analizarse completa. Ha sido diputado federal en dos ocasiones, ha conocido la construcción de acuerdos desde el Poder Legislativo y fue secretario de Gobierno de Michoacán en dos etapas, una responsabilidad que implica interlocución con municipios, poderes, organizaciones y una sociedad profundamente diversa.
Posteriormente encabezó la Fiscalía General del Estado.
Ese paso merece una reflexión particular.
No porque haber estado al frente de una institución signifique que los problemas de seguridad y justicia de Michoacán estén resueltos. Afirmarlo sería desconocer la realidad que viven muchas familias.
Su importancia está en otra parte.
Quien ha tenido esa responsabilidad conoce desde dentro la complejidad de la procuración de justicia, la coordinación institucional, las investigaciones, la atención a víctimas y las dificultades que enfrenta el Estado para responder a una sociedad que exige seguridad y justicia.
Y Michoacán necesita hablar seriamente de esos temas.
Necesitamos política, pero también instituciones que funcionen.
Necesitamos seguridad y justicia, pero también prevención, educación, desarrollo y reconstrucción del tejido social.
Necesitamos oportunidades para nuestros jóvenes, condiciones para nuestros productores, reconocimiento a nuestros pueblos originarios y mujeres participando realmente en las decisiones públicas.
No bastarán las consignas.
Tampoco las fotografías.
La sociedad exige resultados.
Por eso considero relevante mirar completa la experiencia acumulada por Carlos Torres Piña: territorio, Poder Legislativo, política interior y procuración de justicia.
Pero experiencia nunca debe significar cheque en blanco.
Al contrario: a mayor experiencia, mayor responsabilidad.
La responsabilidad que ahora comienza exige escuchar, sumar y comprender que Morena en Michoacán es mucho más grande que cualquier persona, grupo o corriente política.
Quienes fundamos este movimiento sabemos de dónde venimos.
Antes de los cargos hubo calles.
Antes de los gobiernos hubo organización.
Antes de las oficinas hubo mujeres y hombres recorriendo colonias, comunidades, pueblos y municipios.
Esa memoria no puede perderse.
La siguiente etapa necesita experiencia y renovación; reconocer a quienes abrieron camino y permitir que nuevas generaciones construyan el suyo.
Necesita mujeres tomando decisiones, no solamente apareciendo en las fotografías.
Y necesita entender algo elemental: competir no nos convierte en enemigos.
Nunca he creído en una política de vencedores y vencidos dentro de un mismo movimiento.
Creo en una política donde competir no signifique destruir al otro; donde reconocer un resultado no sea sometimiento; donde disentir no sea traicionar; donde la unidad no signifique silencio y donde sumar no implique renunciar a nuestra dignidad ni a nuestra voz.
Podemos tener aspiraciones legítimas y después volver a encontrarnos.
Eso también es democracia.
Ahora el reto debe ser mucho mayor que cualquiera de nosotros.
Frente a nosotros están la violencia, la desigualdad, los jóvenes que buscan oportunidades, las mujeres que quieren vivir sin miedo, los productores que necesitan certeza, las comunidades que reclaman atención y las familias que quieren instituciones que funcionen.
Por eso creo que nuestra verdadera adversaria no debe ser otra persona: debe ser la desesperanza.
Ahí debería concentrarse nuestra energía.
Y ahí estará también la verdadera prueba para quien encabece esta nueva etapa: construir confianza.
Porque la confianza no se decreta.
Se gana escuchando, incluyendo, recorriendo territorio, respetando las diferencias y dando resultados.
Y llegados a este punto quiero volver al principio.
Yo participé.
Yo también levanté la mano.
Yo también tuve una aspiración legítima.
Puse mi nombre, mi trayectoria y mi historia a consideración del movimiento.
Precisamente por haber sido parte de este proceso, hoy puedo expresar mi posición con libertad y responsabilidad.
Desde nuestra historia y desde mi participación en este proceso, doy mi Sí a Carlos Torres Piña.
Lo hago reconociendo una trayectoria que ha pasado por el territorio, el Poder Legislativo, la política interior del estado y la procuración de justicia.
Lo hago porque considero que después de competir corresponde construir.
Y lo hago también dejando algo muy claro: mi sí no cancela mi voz.
No borra mi historia.
No cancela mis convicciones.
No significa subordinación ni renuncia a seguir participando en la vida pública de Michoacán.
Significa reconocer que quienes ayudamos a construir Morena también tenemos que demostrar que sabemos levantar la mano cuando llega el momento de participar y sabemos tenderla cuando llega el momento de construir.
Los nombres pasan.
Los cargos pasan.
Las coyunturas pasan.
Pero las causas permanecen.
Y quienes estuvimos desde el principio tenemos una responsabilidad adicional: recordar que Morena nació para transformar la vida pública, no simplemente para administrar espacios de poder.
La etapa de competir terminó.
Ahora comienza una tarea más difícil: encontrarnos después de la competencia, sumar nuestras experiencias y construir sin borrar nuestras diferencias.
Que nadie tenga que renunciar a su historia para formar parte.
Que las mujeres tengamos voz y capacidad real de decisión.
Que fundadores y nuevas generaciones puedan encontrarse.
Que el territorio vuelva a ocupar el centro de la política.
Y que ninguna aspiración personal sea más grande que las causas colectivas.
Por nuestra historia.
Por haber sido parte de este proceso.
Por respeto a nuestra propia participación.
Por lo que hemos construido y por todo lo que todavía falta construir: Doy mi Sí a Carlos Torres Piña para esta nueva etapa como Coordinador Estatal de la Defensa de la Transformación.
Y con ello mi voz y nuestro compromiso seguirá estando donde siempre ha estado: del lado de Michoacán.
Myriam Martínez Ramírez






