Las causas de Michoacán deben unirnos: Myriam Martínez

En política hablamos mucho de unidad. La invocamos cuando llegan las definiciones, cuando existen diferencias y, sobre todo, cuando sabemos que ningún proyecto puede avanzar si cada quien decide caminar únicamente por su lado.

Hoy escucho con atención los llamados a la unidad que distintas compañeras y compañeros han expresado en el marco del proceso que vive nuestro movimiento en Michoacán. Me parece positivo que exista una coincidencia fundamental: ninguna aspiración personal puede estar por encima del proyecto colectivo.

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Pero creo que debemos ir más allá.

La unidad no puede ser solamente una fotografía. Tampoco una declaración, una firma o el acuerdo circunstancial entre quienes participamos en un proceso político.

La pregunta verdaderamente importante es otra:

¿Unidad para qué?

Para mí, la respuesta está en Michoacán.

Unidad para que una niña pueda recibir una educación que le permita construir su futuro sin importar el lugar donde nació.

Unidad para que nuestros jóvenes encuentren oportunidades y no tengan que elegir entre abandonar su comunidad o renunciar a sus sueños.

Unidad para que las mujeres puedan vivir con libertad, autonomía, seguridad y derechos.

Unidad para recuperar la paz desde las comunidades y reconstruir un tejido social que durante años ha sido lastimado.

Unidad para escuchar a nuestros pueblos originarios, respaldar al campo, acompañar a quienes producen y generar desarrollo sin perder nuestra identidad.

Unidad, en suma, para transformar la vida de la gente.

La encuesta no puede ser el destino

Todo proceso interno tiene reglas y éstas deben respetarse.

Quienes participamos debemos tener la madurez política para reconocer los resultados y entender que una encuesta no convierte a compañeros en adversarios.

Pero tampoco debemos cometer el error de pensar que el objetivo final es ganar una encuesta.

Una encuesta termina.

Los problemas de Michoacán permanecen.

Por eso considero que esta etapa debería servir también para discutir ideas, escuchar al territorio y construir coincidencias sobre el estado que queremos durante los próximos años.

Más que una competencia de nombres o grupos, tenemos la oportunidad de convertir este proceso en un ejercicio político y social que fortalezca el segundo piso de la transformación.

Escuchar también es gobernar

He dedicado buena parte de mi vida a la educación y a la comunicación. Ambas me han enseñado algo que considero esencial para la política: antes de pretender dar respuestas hay que aprender a escuchar.

Michoacán no se entiende solamente desde Morelia.

Está en sus escuelas y mercados; en las comunidades indígenas; en las mujeres que sostienen hogares y comunidades; en las y los migrantes; en nuestros productores; en las juventudes; en quienes emprenden; en las maestras y maestros; en las familias que todos los días trabajan para salir adelante.

Ahí debe construirse cualquier proyecto que pretenda transformar nuestro estado.

Por eso creo que necesitamos una verdadera Agenda de Unidad por Michoacán, construida desde abajo y desde el territorio.

Una agenda que no pertenezca a una persona.

Que recoja las voces de quienes pocas veces aparecen en las decisiones políticas.

Que permita encontrar coincidencias incluso con quienes no militan en nuestro movimiento, porque gobernar y transformar implica escuchar también a quienes piensan diferente.

La Cuarta Transformación nació precisamente de la organización de millones de personas que durante años caminaron, resistieron y construyeron esperanza.

No debemos olvidar ese origen.

Unidad no significa silencio

También debemos decirlo con claridad: unidad no significa pensar todos igual.

Una organización democrática necesita diferencias, discusión y pensamiento crítico.

La verdadera unidad no elimina las diferencias; encuentra aquello que está por encima de ellas.

Podemos tener distintas historias, trayectorias y legítimas aspiraciones. Podemos incluso tener diferentes respuestas ante algunos problemas.

Lo que no podemos perder es la capacidad de reconocernos como parte de un proyecto que debe ser mucho mayor que cualquiera de nosotros.

Cuando llegue el momento de las definiciones, quien resulte favorecida o favorecido necesitará del trabajo de todas y todos.

Pero también necesitará escuchar.

Necesitará incorporar ideas distintas, reconocer experiencias, abrir espacios a nuevas generaciones y mantener una relación permanente con el pueblo.

Porque la transformación no puede convertirse en una conversación exclusiva entre políticos.

Lo que permanece

Michoacán enfrenta desafíos demasiado grandes para desperdiciar nuestra energía en disputas personales.

Necesitamos educación, paz, justicia social, desarrollo regional, oportunidades para las juventudes, derechos para las mujeres y comunidades fuertes.

Necesitamos también recuperar algo profundamente político y profundamente humano: la capacidad de construir juntos.

Por eso celebro cada llamado sincero a la unidad.

Pero propongo que demos el siguiente paso.

Que además de preguntarnos quién habrá de encabezar, discutamos qué queremos construir juntos.

Que además de hablar de unidad entre quienes participamos, construyamos unidad con la sociedad.

Que además de pensar en la siguiente definición política, pensemos en la próxima generación de michoacanas y michoacanos.

Las aspiraciones personales son legítimas.

Pero son temporales.

Las causas de Michoacán permanecen.

Que sean esas causas las que nos unan.